“Esto nos demuestra que en el Huila contamos con hábitats propicios para el crecimiento de poblaciones de uno de los mamíferos más grandes que hay en Los Andes y una de las especies más amenazadas que existen actualmente. Esta labor de conservación se está realizando de manera articulada entre la comunidad e instituciones”, explicó Katherine Arenas, bióloga de la CAM.
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“Hemos logrado a través de este proceso la consolidación de 23 grupos de monitoreo comunitario conformados por 374 integrantes que cohabitan con especies tan importantes como el oso de anteojos y que nos ha permitido también conservar otras especies que viven en estos bosques”, señaló Arenas.
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